Pasión y Precisión.
En el fascinante mundo del tabaco, más allá de la calidad de las hojas y sus procesos artesanales, hay un elemento clave que distingue a un puro de otros productos de tabaco: el trabajo del «Maestro Torcedor». Estos artesanos hábiles son responsables de dar forma y vida a cada puro, y su oficio es una combinación perfecta de pasión, precisión y dedicación.
El proceso de torcer un puro es una tradición centenaria que se ha transmitido de generación en generación, y es una verdadera forma de arte que requiere años de práctica y experiencia para dominarla. Cada puro es enrollado a mano con cuidado y destreza por el maestro torcedor, dando como resultado una pieza única y especial que cautiva a los amantes del tabaco.

El proceso comienza con una cuidadosa selección de las hojas de tabaco previamente clasificadas y mezcladas por el Maestro Ligador. Luego, el Jefe de Materias entrega las hojas de tabaco al torcedor en paquetes o «barajas», que no son más que las hojas necesarias para la producción diaria de puros de cada torcedor. El torcedor las coloca en la mesa de trabajo, donde comienza el proceso de torcido. Con movimientos precisos, el torcedor enrolla las hojas de tabaco para dar forma al puro, asegurándose de que sea uniforme y esté bien compactado. Esta tarea requiere habilidades y conocimientos específicos para lograr un puro con combustión pareja, un tiro perfecto, la forma adecuada y el mismo sabor que diseñó el Maestro Ligador.
El Proceso de Torcido
El Bonche: Primero, el torcedor toma las hojas de «ligero» (hojas que aportan fuerza) que irán en el centro de la tripa del puro; segundo, las hojas de «seco», que aportarán combustibilidad, sabores primarios y aromas durante el fumado; y finalmente, las hojas de «viso», que aportarán ciertas notas organolépticas y, más importante aún, combustibilidad. Cabe destacar que, según el tipo de puro que se esté elaborando, puede requerir más o menos hojas de cierto tipo. No hay un número exacto; esto lo determina el Maestro Ligador y el tamaño del puro.
Estas hojas se acomodan de cierta manera para lograr un buen tiro y la estructura adecuada. Las formas de acomodar las hojas en el centro del puro pueden variar y dependen de la fábrica. Puede ser en forma de acordeón, en tubo, en forma de flor, pero es cuestión de la preferencia de cada fabricante. En Casa 1910 nos gusta mezclar estas técnicas. Una vez que el tabaco está listo, se envuelve en la hoja de capote, que aportará estructura, combustibilidad y algo de sabor y aroma durante el fumado.
Una vez terminado el bonche, se coloca en un molde que cierra por dos lados para prensarlo y obtener la estructura correcta para fumar. Después de que el bonche ha sido prensado durante cierto tiempo, se revisa con la máquina de tiro, donde cada cilindro se coloca dentro de un tubo que mide la resistencia del aire a través del puro. Otra prueba adicional que se realiza es la de peso, ya que cada torcedor, al elaborar un nuevo puro, debe verificar el peso de cada uno varias veces. Si pasan correctamente tanto la prueba de tiro como la de peso, pueden avanzar al siguiente paso.
El Capado: Una vez que se ha verificado el tiro y el peso del bonche, pasa al famoso proceso de capado. Aquí, el torcedor prepara la hoja más fina y hermosa del puro, con un corte exacto y una colocación precisa sobre la mesa, para enrollar el bonche con la capa, vistiéndolo. Hasta llegar al extremo del puro, donde se realizan movimientos precisos, cortes y otros detalles finos para terminar con la «perilla» o cabeza del puro. Esta parte se cortará después y se colocará en la boca para fumar, y créanme, involucra muchos detalles.
Una vez torcido el puro, entra en una etapa crucial: la inspección de producción. Aquí, cada puro es inspeccionado meticulosamente por expertos en calidad. Se verifica que el puro cumpla con los estándares de belleza, acabado, peso, grosor y longitud, y que su sabor, aroma y apariencia sean impecables. Esta inspección asegura que solo los mejores puros lleguen a manos de nuestros clientes, brindándoles una experiencia de fumado excepcional.


Después de la inspección de producción, los puros pasan al proceso de acabado. Se separan por color, pero eso es tema para otra entrada del blog, que compartiré con ustedes más adelante. Una vez terminados, los puros se adornan con anillos elegantes y distintivos que llevan el sello de Casa 1910. El proceso de anillado es otro paso delicado y meticuloso que se realiza con cuidado para preservar la estructura del puro.
Finalmente, los puros se colocan en cajas hechas a medida, listas para ser enviadas a los amantes del tabaco en todo el mundo. Cada caja es una obra de arte en sí misma, diseñada y elaborada con cuidado para preservar y proteger la frescura y el sabor de los puros.
En Casa 1910 nos enorgullece contar con maestros torcedores altamente experimentados que trabajan con pasión y dedicación para crear puros de la más alta calidad. Cada puro que sale de nuestras instalaciones lleva la esencia del arte tabacalero mexicano y la tradición centenaria del torcido a mano.
Así que, la próxima vez que disfrutes de un puro Casa 1910, tómate un momento para apreciar el trabajo y la maestría detrás de cada uno. Cada uno de ellos es una pieza única y especial, elaborada con amor y cuidado por nuestros talentosos torcedores. ¡Disfruta la experiencia y saborea la pasión en cada calada!
Por Manolo Santiago, Blender / Cofundador de Casa 1910 #OrgulloNacional
